La Duda

Como un dardo, la duda se clavó en su corazón, la fiebre causada por la herida lo llevó hasta el delirio. Perdido entre alucinaciones, el veneno se fue esparciendo por todo el torrente sanguíneo y pronto llegó al cerebro, para hacerle perder la voluntad. Él se entregó como un niño, ignorante e ingenuo a lo que acontecía.

Era joven e inexperto. No había vivido lo suficiente para saber que cuando la duda ataca hay que taparse los oídos, cerrar los ojos y cubrirse el pecho, de lo contrario la víctima se intoxica con acertijos hasta perder la cordura. Al principio el desdichado es abatido con insomnio, los pensamientos van y vienen sin descanso, disfrazados de posibilidades  al azar, así durante horas, que se confunden con eternidades.

Cuando el enfermo llega a ese punto, el dolor contrae el tórax, dificultando la respiración. Ya era tarde para él… dejó que las probabilidades se acomodaran en su cabeza, se alimentaran y echaran raíces. Buscó calmar los nervios con licor y tabaco, pero eso solo empeoró el malestar. Ahora flotaba a la deriva.

Le suplicó una tregua, aunque fuera por poco tiempo, pero la duda es terca y no se conmueve facilmente, no da su brazo a torcer. Entonces el joven comprendió que ese dardo había sido letal y de nada serviría seguir luchando, ella por venganza, o quizás sin querer lo había herido a muerte. Con sus palabras sembró muy profundo la incertidumbre de lo que pudo ser entre ambos y esa sensación de “lo que hubiera sido” no lo abandonaría jamás.

One thought on “La Duda

Deixe uma Resposta

Preencha os seus detalhes abaixo ou clique num ícone para iniciar sessão:

Logótipo da WordPress.com

Está a comentar usando a sua conta WordPress.com Terminar Sessão / Alterar )

Imagem do Twitter

Está a comentar usando a sua conta Twitter Terminar Sessão / Alterar )

Facebook photo

Está a comentar usando a sua conta Facebook Terminar Sessão / Alterar )

Google+ photo

Está a comentar usando a sua conta Google+ Terminar Sessão / Alterar )

Connecting to %s